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“Extraño pero verdadero”, el problema del Cine de Autor
 Los más terribles entre los sentimientos humanos son los de la creación. - Constantin Stanislavsky
"Los más terribles entre los sentimientos humanos son los de la creación." - Constantin Stanislavsky

Reseña: Jimena Colunga Gascón

¿Saben cuál es el problema del Cine de Autor? Que en su más egoísta autoría peca de mucho arte y de poco entendimiento de la audiencia: hay piezas francamente incomprensibles. Una de las características del arte es que comunica por sí mismo, es decir, transmite emociones, pensamientos, perspectivas, tesis e hipótesis a través del sincretismo del autor. Como dice la amada y también vilipendiada Avelina Lésper: “si no comunica por sí mismo no es arte”, y aplica también para el cine.

Por otro lado, ¿todo el cine debe ser artístico? Por supuesto que no, el cine cumple con muchas funciones sociales incluidas la distracción y el entretenimiento, sin embargo, también es irrefutablemente un medio de comunicación, así que, ¿cuál es el propósito de hacer películas incomunicantes?Ya hemos dicho que lograr terminar y exhibir una película en este país es una proeza, pero tampoco se trata de ser condescendiente con el cine mexicano sólo porque existe y es mexicano. Lo siento mucho, “Extraño pero verdadero”, pero qué feíta estás.

Es el nombre del segundo largometraje del director Michel Lipkes. (Probablemente) trata de dos jóvenes recolectores de basura enamorados tratando de emerger de entre los desperdicios y la inmundicia de la vida misma. Todo lo malo que les puede pasar les pasa. “Cobijados” por la siniestra figura de “El Maestro”, su jefe basurero, se ven involucrados en situaciones irremediables llevándolos a una aparente destrucción que al final, parecen sortear teniéndose el uno al otro. Citando a San Pascualito Rey, “sufro, sufro, sufro”.

Es una película en blanco y negro que desafortunadamente parece hecho en post, es decir, simplemente se le baja la saturación al material. Gabriel Figueroa es uno de los mejores cinefotógrafos del mundo y es el responsable de la mayoría de las joyas cinematográficas de la Época de Oro del cine mexicano. La composición y la textura de su trabajo realmente significan el concepto de “fotografía en movimiento”, como si cada fotograma fuera compuesto uno por uno para después ponerlos en secuencias de veinticuatro cuadros. El cine se hacía en blanco y negro porque hasta ahí llegaba la tecnología en ese momento, y, aun así, la puesta en cámara siempre consideró el color como factor importante para su efecto final en el celuloide. Pareciera que esta película poca atención puso al respecto y mientras hay cuadros bastante bien logrados, hay muchos otros simplemente obscuros y/o planos. Eso, obviando el tema de la falta de precisión en varios de los movimientos de cámara: si el plano es fijo, es fijo; si el plano tiene movimiento, tiene movimiento, pero si el plano era fijo y de repente te tiembla el tripié y aun así lo pones en el corte final, no pasa, not cool.

El sonido es el cincuenta por ciento (o más) de cualquier película y muchas mexicanas siguen adoleciendo de ello. Este es uno de esos desafortunados casos en el que los personajes tienen diálogos presuntamente profundos y poéticos, lo sabes por la acción en escena, pero simplemente no se escucha. El mal sonido distrae e incomoda al espectador.

Supongamos que se pasa por alto una historia inaudible. El horror siguiente es un guión lento, lentísimo, en el que la historia parece no tener un clímax y los puntos pivotales se extravían. Miseria, miseria, miseria, es lo que se observa en la primera parte de la película que incluye un extraño personaje sinsentido que tal vez sea Dios, un Dios siendo cruel entre la basura, gozando de los sinsabores de sus humanos. Además de “impactar” a la audiencia enterrando un bebé vivo en un tiradero, no se sabe bien cuál es su propósito. En algún momento, la joven pareja junto a El Maestro y el padre de este, se enfrentan a un hallazgo: una mano emergiendo de una pila de basura que encuentran durante su jornada. Uno ve la mano, entiende que es de un cadáver y el entusiasmo regresa… por unos segundos, porque ahí es cuando se podría esperar el inicio de la historia, el viaje del héroe, el principio de la aventura, te imaginas que será una odisea involucrando un muerto desconocido lleno de billetes y se las ingeniarán para zafarse exitosamente de esa prueba del destino… pero no. Una vez saqueado y (falsamente) descuartizado el cadáver, sigue la retahíla de malvivencias y así hasta el final.

El casting es un punto interesante y hasta podría ser uno a favor: son todos actores poco o nada conocidos. Siempre es refrescante ver caras nuevas en una película, así uno percibe su trabajo sin ninguna referencia que contamine la apreciación. Sin embargo, aunque aquí hay muchos momentos gloriosos y en general, un sentido de convicción en el trabajo actoral, no supera el guión lento ni las dificultades técnicas, se antoja floja entre todo el atropello de la realización.

Como en ninguna situación es todo desastre, hay aspectos bien logrados que es justo mencionar: el diseño de arte es muy sensible y muy rico, aplausos para Claudio Ramírez Castelli (Tiempo compartido), y en relación a este rubro, el scouting (aunque con una geografía chilanga un poco trastornada) muestra espacios realistas con una estética amplia y muy particular. En este sentido, se, por ejemplo, que filmar en el Bordo de Xochiaca, en Neza, es un reto de producción en muchos sentidos: la tramitología es larga y desdibujada y el sitio en sí mismo es todo menos amigable. A pesar de que el consejo de las mismas autoridades es no permanecer ahí después de la puesta de sol, las secuencias filmadas en el basurero son todas de noche, lo que habla bien de la producción. El lugar es tan alucinante que cualquier puesta en escena aumenta sus valores visuales.

Me parece que la parte más terrible es que no le creo nada. Hablar de las historias de gente con ocupaciones tan asimiladas socialmente como la recolección de basura, podría ser una oportunidad para visibilizar esas realidades mágicas e interesantes en todas partes, sin embargo, el enfoque de esta película se revuelca permanentemente en una especie de obscurantismo facilón con una sobre-pensada intención de impactar.

Ese es el problema de mucho del Cine de Autor: jugarle al “muy artista”, las personas que compran el numerito y las pelis que, aunque en cartelera en la Cineteca y en Cinépolis, le dejan a uno una mueca incómoda. Vaya a verla bajo su propio riesgo.

Trailer :: Extrano pero verdadero

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