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Faro en las calles

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“ROMA” o La exagerada ilusión de lo políticamente correcto
Que entre que mis primos me madreaban,que las malas compañías, y que empecé a tomary caí en el chemo. Me andaba muriendo.Pero descubrí las artes marciales.Y todo tiene... ¿foco?Así como cuando tú me miras.- Fermín, Roma
Que entre que mis primos me madreaban, que las malas compañías, y que empecé a tomar y caí en el chemo. Me andaba muriendo. Pero descubrí las artes marciales. Y todo tiene... ¿foco? Así como cuando tú me miras. - Fermín, Roma

Por Jimena Colunga Gascón:

(Piiinche Fermín…)
 Desde el momento de saber que Alfonso Cuarón estaba haciendo una película en México, tuve todas las intenciones de verla, por varias razones: su cine me gusta desde Great Expectations y La Princesita, gente que aprecio mucho estaba en la producción, su producción sucedía los mismos días que yo tuve una producción en otro punto de la CDMX y tenía mucha curiosidad. Nunca imaginé lo que iba a suceder alrededor de la película y después, me resistí todo lo que pude a subirme al vertiginoso tren del mame que partió de la terminal de lo Políticamente Correcto. El drama de Cuarón acerca de la distribución me parece terrible, malicioso y manipulador (tema para otro texto) y la “Yalitzamanía” me tiene hasta el gorro, porque sólo habla de la poca diversidad humana a la que han sido expuestos y, en su sobre-corrección, actúan como si hubieran descubierto el Santo Grial en un país cuya población indígena ronda los 15 millones de personas. Finalmente, aunque tarde para contribuir al trend topic, la vi.
Es justo decir que cuando un director de cine tiene una trayectoria como la de Alfonso Cuarón, puede hacer la película que le dé la gana. Para eso es el cine: para contar historias, desde las más personales hasta las más públicas, hasta las más efervescentes. Por otro lado, el cine, como el resto de las artes, no tiene ninguna obligación de representar un discurso ideológico o político de ninguna especie, siempre es una opción y una gran herramienta, pero al final se puede tratar de cualquier cosa.
Por si después de todo lo que se ha hablado no están enterados de la sinopsis, es la historia de una empleada doméstica indígena en una familia de clase media alta avecindada en la colonia Roma, de la CDMX, que enfrenta una crisis matrimonial severa. A pesar de las “diferencias sociales”, los niños de la casa encuentran en Cleo, una figura de amor y atención mientras ella resuelve sus propios conflictos ante la maternidad no planeada. 
 Esta película es un retrato, tal cual, del recuerdo del director de su nana en la infancia, así nomás. Desde un punto de vista narrativo, no pretende mucho más que una serie de viñetas superpuestas de eso, recuerdos, que parecen tener casi ninguna progresión dramática. En ese sentido, sí, es lenta, sí, no pasa mucho, y sí, también, nos deja esperando un viaje heroico que nunca comienza. La excusa del embarazo para dotar al personaje de Cleo de algún hecho interesante en su vida no es suficiente para verla cambiar de ninguna forma. Queda muy claro desde el principio que, a pesar del “amor” incondicional de los niños y la familia, siempre será “la muchacha”, y ahí es donde Roma contiene el tufillo clasista del que tanto se ha hablado y berreado, porque, vamos, el buen trato debería ser lo mínimo obligatorio para cualquier empleado de cualquier especie a cualquier nivel, no es una bondad ni ninguna cualidad que una familia adinerada sea humana con su staff doméstico, debería ser una generalidad mínima.
Por otro lado, también es una excusa para adherir otros recuerdos a esta postal en movimiento: fenómenos particulares en la ciudad en los 70s. Yo creo que el pobre menso que apedrearon en redes sociales tenía algo de razón, pero no lo expresó correctamente: para mí, que no tengo idea de la Ciudad de México en esa época, no tiene el mismo significado que para muchos capitalinos de la edad, no tengo idea de cómo era vivir en medio del borlote, sin embargo, sí entiendo la peculiaridad de los hechos, aunque, una vez más, no tienen ninguna conexión real con la historia. Cleo es como una especie de Forest Gump que azarosamente está ahí, en el lugar y momento adecuados, sólo para experimentar todos estos hechos del momento sin ver mucho más allá, ya sea un terremoto, el Halconazo o un Galaxy estacionándose en un zaguán demasiado pequeño llenándose las llantas de caca de perro todo el tiempo.
Los niños son todos espectaculares, les creo cada palabra y cada gesto, destacando de una decepcionante Marina de Tavira cuyo único estado de ánimo en la película es la histeria, carente totalmente de claroscuros. Fermín (el piiinche Fermín), en la carne de Jorge Antonio Guerrero (mejor conocido como el Cadete Tello de la infecta serie de Luis Miguel), también es uno de esos personajes al que le crees cada palabra de hijo de puta que pronunció en la historia, cada movimiento de su secuencia de Mulán y cada intención de malviviente abandona-novias-embarazadas. La parte controversial es la de Yalitza Aparicio, absolutamente incapaz de pronunciar una frase verdadera de diálogo para la película, pero igualmente convincente en silencio. Sus miradas, sus gestos, sus movimientos, todo ello transmite mucho más en sus escenas de acción, uno puede ver todo lo que le está sucediendo adentro, mientras no diga nada. En este sentido, son mucho más apreciables los personajes de Adela y Benita, sus colegas en el mundo del trabajo doméstico.
La fotografía es otro aspecto a analizar, y es que, aunque es un mejor blanco y negro que los vistos últimamente (porque parece estar de moda), rompe por completo con algunas de las más básicas reglas del montaje. Esto, dependiendo del punto de vista, puede ser molesto para el espectador o puede ser un gran momento innovador para la imagen. Paneos de muy largo aliento unidos uno detrás del otro, sugieren, más bien, la intención de seguir describiendo la imagen fija, como esta serie de postales. Planos larguísimos pero muy bien coreografiados y la casi ausencia de los primeros planos. Digo “casi” porque, aunque es uno de los “valores” más destacados en las críticas, hay secuencias muy claras de planos de detalle utilizadas para otros efectos. Arturo Ripstein ya lo había hecho de esta forma en numerosas ocasiones, no sé de qué se sorprenden.
Aunque el diseño sonoro ha sido muy elogiado, siempre habrá un problema con los diálogos imperceptibles y los volúmenes infrahumanos. En términos de planos y atmósferas de sonido, es verdad que consiguen dimensiones muy amplias, con particularidades de la época, desde motores de automóviles hasta pregones tradicionales, sin embargo, es muy frecuente que los diálogos de los personajes simplemente no se escuchen y no hay nada más molesto que tener que regresar la película esos 10 segundos del reproductor para saber qué se andan diciendo. Parece un mal inacabable del cine mexicano.
Diseño de Arte definitivamente se lleva las palmas en esta peli: el trabajo de ambientación de la época se percibe minucioso y monumental, todos los rótulos, toda la urbanidad y todos los objetos característicos se conjugan con vestuario y locaciones que, además de ser muy complejas, trazan perfectamente la realidad de la ciudad en otra época, trabajo que, de hecho, sí está muy bien representado en la serie de paneos planteados en fotografía por el director.
Parece que el encono es el nuevo deporte de los mexicanos y esta película ha enfrentado a muchos por cosas que, en realidad, ni les van ni les vienen. Muchas cosas turbulentas han sucedido alrededor de este macro publicitado filme y la verdad, mis amigos, no es para tanto. A la gente le encanta encontrar categorías para colocar los productos nuevos que van consumiendo y, aunque tiene claras referencias estilísticas, no estamos hablando del renacimiento del Neorrealismo Italiano en Roma. Veo claramente por qué es una de las favoritas para ganar el Oscar pero no es una obra maestra ni ningún bastión de la cinematografía contemporánea de ningún lado, es una película personal hecha por un director reconocido simplemente porque puede, y ahí hay mucho valor. Dejen de pelearse por ello.
El otro día, por algunas circunstancias carnales, me vi desayunando a solas afuera de Metro Pino Suárez en un puesto de gorditas. A la mesa llegaron dos chicas, habrán tenido 17 o 18 años a lo mucho. Ambas se dedican al trabajo doméstico, a deducir por lo que hablaron. Una de ellas, la más parlanchina y la más bonita, con su acento de pueblo del Estado de México, se veía toda emocionada porque en su domingo libre iría a comprar su pantalla plana que le había costado ahorrar 3 o 5 mil pesos. Además de todo, ese era un buen domingo porque la señora le había dejado irse el 24 (de diciembre) a su pueblo y además le había dado su aguinaldo de 600 pesos que no sabía si invertiría en un abrigo de 150 pesos o los guardaría para las fiestas de la cuadra. Su historia me estaba resultando mucho más interesante que la de Roma y me hubiera quedado a escucharla toda si no me hubieran sorprendido chismeando la conversación ajena.
Tan cortos de vista y tan faltos de oído como nos hemos estado haciendo, fácilmente le venden a uno castillos de humo en temas que experimentamos todos los días al lado nuestro. Antes de afiliarse, revise si no está pasando de largo a la Cleo de su casa o a sí mismo, porque algo peor que lo “políticamente correcto” es pretender serlo sin haberlo pensado primero.
ROMA | Tráiler oficial [HD] | Netflix

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